Mi primera experiencia en Cannes (Parte I)

Tiquetes

A mediados de diciembre recibí uno de los tantos correos que envía la secretaría de la universidad. Transfería una información de los profesores de la carrera de Información y Comunicación que hacían una convocatoria para todos los estudiantes interesados en asistir a la edición 66 del Festival de cine de Cannes. Aunque me pareció increíble la invitación, pensé que era demasiado difícil conseguir un puesto para ir a tal evento, uno de los más importantes del cine mundial. Por esa época estaba ocupado con exámenes finales y no le presté mucha atención. Me he dado cuenta, desde que vivo en Francia, que las cosas hay que pelearlas mucho. Más bien, hay que ser muy insistente. Y aunque me identifico con esa forma de ser, muchas veces cansa, y la verdad ir a Cannes no era mi prioridad. Eso sería en mayo y mis exámenes serían esa semana.

El e-mail decía que se debía escribir una carta de motivación (que les encanta aquí) y una propuesta para mejorar el sitio en internet donde se publican artículos sobre la experiencia del Festival. La fecha límite era el martes 18 de diciembre. Aunque en mi interior quería asistir, los exámenes y la inseguridad me estaban tomando la delantera. El deadline era el mediodía y no me acordé de la convocatoria sino justo hasta esa mañana del 18. Comencé a hacer la carta y la propuesta con el mejor francés que me salió, es decir medio nulo, y fui a imprimir a la universidad. Llevé los papeles que pedían con una actitud de: “al menos tengo que intentarlo”. Sé que no me lo hubiera perdonado si no lo hubiera intentado.

Menos de una semana después recibí otro correo titulado: “Regalo adelantado de Navidad”. Era de uno de los profesores que hacía la convocatoria y nos anunciaba a unos veinte estudiantes que nuestro dossier había sido seleccionado y que seríamos acreditados para el evento. No me acuerdo el escándalo, pero conociéndome, seguro comencé a gritar y a saltar mientras leía el correo, literalmente. Lo primero que hice fue llamar que sabía del asunto y esa misma noche mis papás y mis amigos en Colombia ya estaban enterados. El correo fue la mejor alegría que me trajo la navidad, además de poder celebrarla en Francia y poder tener una experiencia que nunca en mi vida había imaginado.

En enero compramos el tiquete ida y vuelta, y reservar el hotel. Ya había pagado unos 300 euros y ni siquiera me había ido. Todavía quedaban 5 meses de espera. En febrero tuvimos una primera reunión en la que nos contaron cómo funciona el Festival, las proyecciones, las acreditaciones, etc. En marzo tuvimos una reunión los estudiantes, para cuadrar cómo íbamos a organizar el blog y en abril ultimando detalles.

Cuando llegó la fecha, no podría haber estado más atravesada. Esa semana tenía que tener unos proyectos definidos en la práctica que estoy haciendo y tenía que enviar las aplicaciones para el Master en las universidades de París. La fecha límite era el viernes de esa semana. Yo salía un miércoles. Apenas dormí por esos días, mientras organizaba los papeles, sacaba fotocopias, llenaba formularios y cuadraba las traducciones con mi familia en Colombia. Qué boleo! El martes en la noche seguía firmando cosas y asegurándome de tener todos los papeles para enviar. Me dormí a la medianoche y me debía levantar a las 6:30 máximo. Aproveché para dormir en París para no estar muy apresurado desde Saint-Denis, pero igual las cobijas casi me hacen una mala jugada. Al final llegué a la estación Gare de Lyon y aunque casi no me pierdo en el metro de París, ese día mis nervios y ansias no me dejaban pensar con claridad.

Debía abordar antes de las 7:40 y ya iban siendo las 7:35. Con el corazón a mil pregunté por el lugar donde salía el tren, que era en el opuesto de donde me encontraba. Alcancé a llegar, todavía había mucha gente subiendo. Busqué el vagón 16, que estaba atrás, muy atrás. Y busqué mi sitio. Llegué sudando y me acomodé. Dejé las cosas en el suelo, y comenzaron a cerrar las puertas y el tren a moverse. Llegué apenas con el tiempo. Pude respirar y tranquilizarme. Próxima parada: Cannes!!

El agua más azul de mi vida

El tren va con destino a Niza, no muy lejos de la ciudad a la que me dirigía y que ya había recibido esa semana a actores, directores, productores y distribuidores de todas partes del mundo. Son unas tres horas hasta la ciudad Aix-en-Provence, luego un poco más pasas por St. Raphael y más tarde Cannes, la tercera parada.

El viaje transcurrió normalmente. Pude hacer algo de conocidas en el tren, del mismo grupo de estudiantes escogidos para la acreditación. De la veintena, solo eramos tres hombres. Todos están en la carrera, yo era el único en Máster. Y aunque eso me hacía el “grande”, también me sentía diferente al ser el único extranjero. Las otras, dos chinas, ya llevan más de cuatro años viviendo en Francia. Lo bueno es que la gente se interesa por hablar con uno, decir con orgullo que tomaron clases de español en el colegio pero que no se acuerdan de nada, y balbucear un: “Hola, qué tal? Cómo estás? Yo me llamo… “, con un acento francés frenado.

El paisaje cambia totalmente una vez uno sale del territorio de París. Ya no se ven los edificios que contienen a centenas de personas amontonadas, sino que se ven los árboles de verdes brillante que contrastan con el cielo gris y oscuro que nos despidió ese día, y que predomina en la llamada ciudad Luz.Ver el campo, aunque haya sido desde el tren, me generó un sentimiento de tranquilidad que no lo sentía hacía días. Pudo haber sido el hecho que me encontraba por fin en el tren, después de sufrir con el metro parisino para llegar a tiempo, o el hecho que iba a realizar un sueño en muy pocas horas, o simplemente porque no se ven animales de campo, arboles tan brillantes y espacios tan amplios, y sin tanta gente, en la ciudad.

La combinación de toda esta euforia culminó cuando comenzamos a ver el mar. A mi izquierda, comenzó a aparecer. Así, tímido, de la nada. Y ví que no era el único que estaba emocionado. Las fotos comenzaron a salir por el mar del agua más azul que he visto en mi vida, y lo dice un daltónico. Era simplemente increíble. A la escena se le agregaban los grandes yates, los pequeños botes y la gente en “modo felicidad” que viene con el sur y el sol. El cielo era de otro azul increíble, y  brillaban las nubes del buen clima.

Llegamos faltando un cuarto para la 1 de la tarde del miércoles. Lo primero que hicimos fue ir al hotel, para dejar la cosas y comenzar a descubrir la ciudad que nos recibió durante 5 días. Nos quedamos en el Ibis Budget Hotel, a unas ocho cuadras del centro. Estábamos bien ubicados, la ventaja de haber reservado meses atrás. Sin embargo, como su nombre lo indica, es un hotel de presupuesto, entonces las piezas están hechas para dormir 3 personas. Las opciones eran: una cama doble y una cama individual elevada, o tres camas sencillas separadas. De estas últimas solo había como dos piezas, y como soy malo para decidir cuando hay un grupo grande, y desconocido, esperé hasta el final.

Me tocó con uno de los hombres y con una niña. Como ella no estaba dispuesta a dormir con alguno de nosotros, entonces nos tocó dormir juntos. Un poco raro, porque el otro era grande y mi tamaño también es considerable, para el tipo de cama que teníamos. Pero bueno, estábamos en Cannes, en verdad poco importaba.

Después de acomodarnos en el hotel, salimos en grupo a conocer. La ciudad no es muy grande, o al menos no en la parte donde se desarrolla todo lo del Festival. Teníamos que caminar por la misma calle derecho y llegábamos al Palacio, donde se presentan las películas y se instaura el Mercado del Cine. Fuimos a comprar algo de comer al Monoprix, luego caminando caminando por la Croisette, boulevard peatonal al lado de la playa, y estuvimos aprovechando el buen clima por un rato.  Algunas se fueron a bañar al mar, yo apenas y sentí el agua con los pies. Al poco tiempo, comenzó una llovizna y al instante una tempestad, más fuerte que las que teníamos en París.

Antes del agua, había aprovechado para visitar un stand de Proexport, quienes estaban apoyando las propuestas de cine colombiano, y promocionando al país como destino para la filmación cinematográfica. Allí conocí a uno de los trabajadores de la institución y, mejor que cualquier cosa, había dulces. Cualquiera que me conoce sabe que me gusta siempre comer dulces, pero la mejor sorpresa fue cuando me comí el primero y supe que eran de café. Ese sabor de coffee delight, que lo tengo desde pequeño, que me recuerda a mi abuelita y que me acuerda lo mucho que he comido, me hizo más feliz. De inmediato pedí llevarme muchos más, de reserva.

Como estaba lloviendo, corrí hasta el Palacio, donde me iba a encontrar con el resto del grupo. Después de mucha búsqueda, decidí sentarme, en un sitio donde decía Espacio Wifi. Uno creería que en Cannes hay más wifi gratis, pero no. Es casi imposible encontrar, todos son pagando o con una acreditación que yo no tenía. Los encontré y seguimos recorriendo el Mercado del Cine, un espacio que reúne a los diferentes actores del cine del mundo para promover y exponer su trabajo. En el recorrido, terminamos por casualidad en una Happy Hour que se realizaba en la Esquina de los cortometrajes, una sección donde estaban expuestos los cortometrajes de directores de todas partes, aunque no eran parte de la selección oficial del Festival.

Entre ellos estaban dos de Colombia, y específicamente de Medellín. Yo había leído que participarían en esta edición del evento a través de la página de la Universidad de Antioquia. Hablé con ellos y me contaron sobre su corto, la ayuda que habían recibido de algunas instituciones colombianas, cómo se les había perdido uno de los pasaportes y sus proyectos para ir a un festival en Marruecos, unos días más tarde.

De ahí fuimos de nuevo al hotel para organizarnos para nuestra primera noche en Cannes. Teníamos una reserva en un restaurante cerca, pues sería la única comida para celebrar con todo el grupo. Un sitio de comida abundante a precios decentes, apenas lo que necesitábamos. Más tarde el grupo se dividió: unos fueron a su primera película a las 10 p.m. y otros decidieron probar suerte para festejar en la noche. Yo hacía parte del segundo grupo, sabía que si entraba a la película a las 10 p.m. no lograría ver nada, me quedaría dormido y no hubiera aprovechado.

Decidimos entonces intentar celebrar la noche. Durante el festival, hay unas fiestas privadas llamadas Villas. Muchas personas intentan entrar, y aquí no es si estás acreditado o no, pero debes ser “alguien”. Claramente, nosotros no hacemos parte de esas listas, así que por mucho que preguntamos fue en vano. Entonces, con un grupo de tres niñas con el que estaba, intentamos meternos por la playa para llegar a la fiesta. No sé qué estábamos pensando, pero fue muy gracioso. Pudimos reírnos de lo lindo, estar nerviosos, pensar que nos iban a coger y demás, pero nunca llegamos al objetivo. Pasamos tanto tiempo en esas, que al final los de la película salieron, y nosotros seguíamos como nos habían dejado: en la calle, con licor y sin fiesta. Decidimos ir entonces a un bar más decente, menos elitista, Le petit Magestic, a tomar cerveza, hablar y conocer. Muy pasada la medianoche, nos fuimos a dormir, listos para empezar al otro día y aprovechar nuestras acreditaciones del Festival!

 

Leela parte 2 y la parte 3 

3 comentarios sobre “Mi primera experiencia en Cannes (Parte I)

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