Por qué Taylor Swift cae tan mal?

Hay algo claro: Taylor Swift siempre escribe de todos sus ex. Esa es la reputación que ha construido en los años que lleva en la escena musical y dominando las ventas de discos.  Y no es secreto que hay cierta parte del mundo a quién no le agrada Taylor Swift. Pero, ¿se merece tanta mala publicidad o simplemente es maldad de los medios?

Los álbumes de Swift son una muestra que tiene talento. Tiene una capacidad natural de componer y de expresar lo que siente a través de canciones que reflejan lo que vive y que se vuelven un himno para, sobre todo, las niñas que se identifican con sus historias. Sin embargo,  tiene la costumbre de escribir sobre los hombres con los que sale con unas letras específicas. Llamar una canción “Dear John” que dura 6:44 minutos, después de haber salido con John Mayer, muestra que la chica no olvida y quiere hacerlo público.

Se me ocurre una comparación con Adele y su disco 21 que es una oda al despecho y al duelo después de que le rompieron el corazón. La diferencia es que las canciones de la británica son más abiertas, menos concretas. Es decir, no es tan cool decir el nombre de tu ex en la canción y avergonzarlo de manera pública, porque, al final, lo que pasó en la pareja es asunto de ellos, no? En este caso pudo haber evitado el nombre y tal vez simplemente usar “Dear you” o disimular un poco más. Incluso al mismo John Mayer le tomó por sorpresa saber que la canción era prácticamente una carta abierta a él. Por este tipo de detalles, la culpa es de Taylor.

Por otra lado, la niña ha sido vícitima del bullying entre celebridades. O bueno, no sé si es el término, pero nadie olvida como Kanye West arrebató su premio en los MTV Video Music Awards un par de años atrás.  Después de esto, todo el mundo estaba de su lado, porque eso fue casi una humillación pública (un poco como la que ella hace pasar a sus ex). En este caso, culpa del douche bag.

Pero tomarla contra dos mujeres como Amy Poehler y Tina Fey, es un golpe bajo. Swift se indignó con un comentario muy simple que ellas hicieron mientras presentaban los Golden Globes: “Taylor Swift, apártate del hijo de Michael J. Fox”. Entonces comenzó a decir en entrevistas que está mal que las mujeres no se ayuden entre sí. Y dijo que “hay un lugar especial en el infierno para las mujeres que no ayudan a otras mujeres”. La tomó contra dos comediantes que no han hecho sino reivindicar el papel de la mujer en los medios y en la escena del entretenimiento Estados Unidos, así que tampoco está bien. Otro punto negativo para Swift que se puso en un papel de víctima cuando no era necesario y no pudo tomar un simple chiste tan sencillo como este.

[Vía Buzzfeed]

Y la última es la pista que salió en el programa concurso Jeopardy que escribieron: “2009′s best female country vocal went to her for ‘White Horse,’ where (SHOCKER!) she goes off on an ex-boyfriend.” Esto fue una simple editorialización de quienes hacen las pistas en el programa. Aunque graciosa, malvada. Aquí, la culpa también iría para ellos.

Como ella misma ha dicho, es a través de la música que ella lidia con lo que sucede en sus relaciones y, claramente, su manera de escribir no va a cambiar pronto. Creo que cualquiera se asusta con la idea de salir con ella, porque si algo sale mal, seguro estarás en su próximo disco. Por eso, mientras siga con su estilo tan público de tratar con sus exnovios, seguirá recibiendo críticas y será el centro de chistes y bromas alrededor del tema. Tal vez, el consejo para ella es resolver sus asuntos en la privacidad con su pareja y exponer de manera más general lo que siente en sus canciones, donde al final nadie sea humillado tan abiertamente, en el top de los rankings musicales.

La muerte lenta de Smash

smash

La última decisión de la NBC es pasar el programa a los sábados en la noche. En el mundo de la televisión, eso es una manera delicada de decir: “tu tiempo ha llegado”. Una muerte lenta y agonizante le viene este programa que prometía ser una de las salvaciones de los malos números de la NBC. Entonces, ¿cómo llegaron hasta acá?

El nacimiento de Smash el año pasado se dio con gran expectativa. Era un show, que iba a incluir números musicales y no se parecería a Glee porque estaría enfocado a un público más adulto, con ganas de un drama serio y estructurado, además que iba a tener como uno de los productores ejecutivos a Steven Spielberg. Smash estaba destinada al éxito.

¿El único problema? Estar en una cadena, la NBC, que está en un tiempo en el que sufre con todo lo que produce y que intenta hacer todos los cambios posibles para complacer a su audiencia.

Entonces comenzó Smash que tenía como lead-in, al reality The Voice, uno de los grandes y contados éxitos en ratings recientes  de la cadena. Su piloto atrajo la expectativa que se había creado. La audiencia y los críticos querían más. Pero a partir de ese mismo momento, hubo varios asuntos que no cuadraban del todo. El programa trajo unos número decentes y siguió su rumbo de 15 episodios que tenían en la primera temporada.

Aunque para mí la idea era bien interesante, por alguna razón cayeron en unos clichés imperdonables, con personajes que llegaron a ser de los más odiados en la televisión (como Ellis) y que mostraban que la serie estaba pasando por asuntos internos que no se resolverían de la noche a la mañana. Había grandes problemas en la estructura del show, que supongo lo podría notar por cualquiera. Smash estaba ahogándose entre la baja de los números de espectadores, las críticas negativas que apuntaban estos y otos detalles, que se extendían hasta el vestuario de algunos personajes (como Julia), y la poca coherencia que se presentaba en algunas historias.

Sin embargo, Smash ganó un Emmy por Mejor Coreografía de sus cuatro nominaciones; en los Golden Globes, contra todo pronóstico, fue nominada en la categoría de Mejor Comedia/Musical y en la de Mejor canción escrita para un medio visual  de los Grammys. Es decir, a pesar de las malas rachas, algo estaban haciendo bien.

Con este refuerzo en la confianza por el show, algo tenían que hacer. Entonces trajeron a Josh Safran como showrunner, a Jennifer Hudson y Sean Hayes, cambiaron la imagen de su publicidad e incluso el intro. Aunque esperaban tener un nuevo aire fresco, que fuera acompañado por números más positivos para la cadena, sus esperanzas fueron en vano y ya están sufriendo las consecuencias que trae el costo tener un presupuesto de cerca de los 4 millones de dólares por cada episodio.

Personalmente, esta segunda temporada parece como si no hubieran salido de su ahogo sino que se hundieron más. Se deshicieron de los personajes que no encajaron, además de agregar a las estrellas conocidas, incluyeron otros personajes, como el par de amigos que están escribiendo el siguiente gran musical, que tampoco me agradan mucho. Siguen los dramas, pero esta vez más enfocados alrededor de Bombshell y todo lo que pasa en el mundo de Broadway. Y tal como los problemas que sufre el musical de las tablas, lo mismo sucede con el producto televisivo.

Aunque hay cosas buenas que nos ha traído Smash, como unos buenos números musicales que ya tienen espacio en mi iPod, la revelación de Katharine Mcphee y Megan Hilty, la actuación de Debra Messing y la visita de grandes estrellas que dieron buen ritmo, la serie resulta como armar un rompecabezas sin las fichas completas. Tienen buenos elementos, pero no los supieron organizar en el orden que era.Por eso, el público no prestó atención. Para la segunda temporada solo 4.8 millones vieron el estreno y fue la prueba de que no hay audiencia en televisión clásica.

El cambio a los sábados en la noche no es para que los productores intenten salir de su ahogo sino que se resignen y se vayan hasta el fondo, donde ya no hay regreso.

Por qué deberían cancelar Glee (notas de un exfan)

20130304-144949.jpg

Creo que no soy el único que sigue a Glee desde el principio (ya eso es una hazaña a admirar) y que considera que el momento de la serie se acabó. Cada vez que termino de ver un episodio me pregunto hacia dónde es que quieren que vaya, que aparece metida en un túnel sin salida, sin ninguna esperanza de luz al final.

La serie no tiene gran coherencia desde hace un rato y después de la graduación de algunos de los actores principales todo se complicó. Las historias se vuelven cada vez más inverosímiles, con eso de que los graduados siguen yendo al colegio varias veces en menos de un mes (si yo tuve que regresar dos veces a mi antiguo colegio, ya eso fue mucho). El tiempo de exposición de muchos se redujo al nivel que parecen actores invitados (como Mercedes) y, claramente, no hay una continuación apropiada para todos los personajes.

La única historia que para mí sirve en la propuesta de Ryan Murphy es el drama de Kurt y Rachel en Nueva York, que tiene unos matices interesantes y que muestra un crecimiento de esos dos personajes. Con nuevos looks, nuevas tramas y nuevas personas alrededor de ellos, son los únicos que no se quedaron en la nostalgia del pasado, estancados como veo el resto de estudiantes de la generación que salió. Creo que les serviría mucho más la receta si tienen a estos dos como nuevos protagonistas de un spin-off, que finalmente son los más queridos por la audiencia.

Pero cuando volvemos al lugar donde fue concebida la serie, a McKinely High, al Glee club, el cuento es diferente. Por alguna razón las tramas se repiten con los nuevos personajes. Por nombrar algunos ejemplos, hechos como la niña hetero que se enamora de su amigo gay -Tina y Blaine-, ya lo habíamos visto con Mercedes y Kurt. O que la niña principal está con un niño, pero quiere estar con otro, -Marley, Jake y Ridley- fue la trama de Rachel-Finn-Puckerman/Jessie. Y eso sin hablar de los adultos de esta serie. Los profesores de ese colegio cada vez se vuelven versiones más deprimentes de sí mismos, sin ningún aporte a la vida de esos niños o al programa.

Glee comenzó como un show pionero en el género y mostró temas que pocas veces habían sido tratados de manera tan directa. El tema de la homosexualidad, por ejemplo, y la vida de los outcasts fue el gran éxito para estructurar la base que llevó a la serie a tener reconocimiento por la audiencia y los críticos. Sus primeras dos temporadas fueron bastante buenas, pero de un momento a otro se volvió la ventana de exposición in your face de diferentes temas polémicos, una excusa de cantar por cantar sin un hilo y a mostrar historias serias con otras de poca coherencia, igual que sus personajes, todo en el mismo capítulo.

Si este año se gradúa una segunda generación no me quiero imaginar el embrollo en el que se van a meter los escritores de este programa, que ya están bastante encartados con manejar la vida de los o protagonistas en diferentes partes de Estados Unidos. Por eso, como un honesto ex fan y seguidor, considero que es el momento que le den el toque final al show para que pase a la historia como un buen recuerdo y no como una aburrida y desordenada molestia.

Análisis innecesario de la desnudez en Girls

Image

Todo el mundo está hablando ahora de la desnudez de Lena Dunham en Girls y si en verdad es tan necesario tenerla mostrando sus tetas en cada episodio. En verdad, yo diría que no. Pero las cosas no van a cambiar. Dunham ha sentado en claro, de manera implícita, que lo quiere seguir haciendo y no creo que haya gran reversa a su decisión. Este post es un simple intento a explicar por qué.

Cuando salió el primer episodio de la serie, los críticos, los fans y otros productores dijeron que había un buen elemento pero había que trabajar en cómo contar la historia. Y ese fue el propósito de la escritora que ahora es la fama de la HBO y que logró arrasar en los premios de la televisión de la última temporada. Todo el mundo se enganchó a Girls, es la sensación del momento y todo porque era raro y real, un poco como la misma Dunham.

Eso lo descubrí, o más bien constaté, con sus discursos. Basta simplemente escuchar el que dio en los Golden Globes donde habla de cómo ella se siente una chica rara y se libera tan bien haciendo todo lo que hace en la serie. Tal vez no son sus palabras exactas, pero lo que a mí me quedó claro es que el programa es como su salida, su escape de una realidad en la que todo debe ser un poco lo mismo, se deben seguir cierto estándares y se debe conservar una uniformidad.

Cuando pienso en una pequeña Lena Dunham en el colegio, me la imagino comiendo su almuerzo alejada de las multitudes o planeando la próxima edición del periódico escolar que nadie lee o siendo amiga de ciertos profesores y niños rechazados. Y lo interesante es que todos nos hemos sentido así alguna vez (o ¿es solo mi caso?). Lo particular de esto, es que es una característica típica de las personas que hacen humor. Pocas veces escucho historias de que los chicos populares son los que terminan haciendo comedia. Es una relación directamente proporcional a lo raro que seas.

Volviendo a Girls, en su primera temporada no tuvieron ningún problema en mostrar escenas donde el sexo se ve aburrido y no apasionado como se podría asumir, acompañado de diálogos incómodos que solo producían risas. Y entonces llegó el momento de mostrar las tetas por primera vez y no hubo vuelta atrás. Entonces Dunham lo hizo en un contexto que se adaptaba perfecto a la intención de las escenas, pero después cualquier momento se volvió el pretexto adecuado para hacerlo.

Si este es su espacio para ser quien es y si todo el mundo está admirando lo que hace, no entiendo por qué ella lo dejaría de hacer en todo caso. Sus días de la rara a quién nadie pone atención se acabaron. Ahora es rara y todos la sintonizan y ella se siente bien al respecto. En resumen, es el cuarto de hora de sus senos.

Y la Dunham no quiere que nos quedemos solo con eso. Va aprovechar esta exposición, que parece un reproche y un in your face a todos los que alguan vez criticaron su cuerpo. No basta sino er el último episodio (S02E07 Video Games) que ya no son tetas sino que muestra el culo. En verdad esta chica no quiere dejar nada sin su tiempo de televisión adecuado.

Si la pregunta es ¿qué tan innecesaria es la desnudez actual en Girls? Yo respondería que MUY innecesaria, pero es lo que también marca el estilo de su gran y todapoderosa madre Lena Dunham, que se puede dar esos lujos al ser creadora, escritora, directora y actriz de su propio mundo ficticio que tiene a todo el mundo hablando. Y sobre todo, porque está en la HBO.

El mundo perdido e incómodo de ‘Girls’

 

Los críticos y fanáticos de televisión lograron definir a Hannah, la personaje principal de Girls como una anti heroína. Aquella chica que es inteligente, pero es más snob que cualquier cosa, que tiene serios  problemas de autoestima y que está en un momento bastante peculiar y fracasado de su vida. Acaba de salir de la universidad y se encontró con una Nueva York pesimista y cruel, pero real. Hace parte del grupo de jóvenes adultas intentado sobrevivir en la llamada ‘selva de cemento’, con malas relaciones sexuales y personales, trabajos sin pagar en una de las ciudades más caras del mundo y otros dramas que se vive en un mundo en crisis.

Yo logré engancharme con ella después de un par de episodios. Como a todos los que leí, me pasó que el piloto fue una propuesta que combinaba lo extraño e interesante. Uno no entendía muy bien qué estaba pasando, si le caían bien o mal los personajes y sus dinámicas, y si esto iba para alguna parte. Pero aún así, quedé intrigado por saber cuál sería el recorrido que iban a tomar este cuarteto de perdidas, cada una a su estilo, que lograban mezclar diálogos atrayentes y contextos realmente incómodos.

Luego de su segundo capítulo la serie fue renovada por la HBO, una sabia decisión de la cadena, porque habían logrado que todo el mundo hablara de ellas. Esta creación de Lena Dunham y Judd Apatow rompía con los estándares de los shows de chicas que nos venían ofreciendo las cadenas en el último año, donde las mujeres se ganaron un rol protagónico en la parrilla de programación.

Entonces entendí que tanto ruido tenía razón solida. Estaba frente a un producto inmaduro y en proceso de crecimiento vertiginoso, pero fascinante, apasionado y muy sincero, como su creadora y guionista Dunham quien es primera vez que se aventura en la televisión. Se nota que el proceso creativo de Girls, viene con una brutal honestidad de la visión de mundo de Dunham y sin miedo a tomar riesgos de mostrar asuntos cotidianos con una mirada que genere risas incómodas.

Un reflejo muy propio de su realidad, por lo que también llegaron críticas por la falta de diversidad racial en el programa. Una discusión salomónica con la que no estoy de acuerdo. En mi percepción, no es válido simplemente hacer cuotas de discriminación positiva para quedar bien. Muchas veces, las personas, no importa el lugar en el que se desenvuelvan, no van a tener siempre amigos orientales y afro descendientes y árabes y latinos, como las series de televisión últimamente lo quieren hacer creer.

Y creo que eso, también, se vuelve justificación para el desarrollo de la serie. En el mundo de Hannah y sus amigas, no hay tanta diversidad. Por eso están tan atascadas en sus problemas, dilemas de chicas blancas y malcriadas, que no saben qué quieren en la vida porque no conocen mucho. Donde los hombres parecen ser los más cuerdos, pero también están llenos de inseguridades que interfieren con las relaciones del día a día.

Girls es un espejo de lo perdidos que pueden llegar a estar estos jóvenes adultos, en un mundo que ofrece de todo. Es un seguimiento por las relaciones amorosas, laborales, artísticas, prohibidas. Las rabias, las frustraciones y los enredos personales, tanto como los encuentros con el pasado y tener que afrontar el presente, porque pensar en el futuro se convierte en proeza

Desde el primer capítulo se aseguraron de hablar sobre Sex and the city, la serie que pone por las nubes la vida en Nueva York y su glamour, para enfatizar que la vida en televisión normalmente no muestra un común denominador de las chicas normales y que este es su humilde intento por lograrlo.

El histrionismo de Julia Louis-Dreyfus

 

“- ¿El presidente ha llamado?

– No”

Julia Louis-Dreyfus es una experta en gestos y expresiones faciales. Eso lo constaté en Veep, donde se muestra como una maestra de la comedia.

Con Veep, regresó a la pantalla con un producto fuerte, de sátira política que con apenas dos capítulos al aire ya había sido renovado para una segunda temporada.

En la organización de la democracia estadounidense, y creo que aplica para todo Occidente, los vicepresidentes siempre son más una figura sin mucho poder, poco relevantes en las decisiones importantes de los países. En esta nueva comedia política de la HBO, Selina Meyer es la segundona, quien no ganó en la carrera de la presidencia y se quedó en la banca de ayuda.

La vicepresidenta de los Estados Unidos que apenas se relaciona con los congresistas, que improvisa en las reuniones estatales y que en su agenda tiene como importante ir a una heladería de barrio o los planes de nutrición del país.

Su personaje está rodeado de chupasangres de poder, y lambones. Un séquito de trabajadores que hacen parte de los relegados de la casa blanca y que siempre están buscando como ascender en la vida política.

La idea del programa surgió después de que su creador Armando Iannucci se preguntara por el trabajo de los vice cuando el presidente está al mando. Ellos están dispuestos a reemplazar al presidente si algo le sucede, pero y mientras tanto, ¿qué? Los retratan como los que nunca reciben llamadas importantes y si se involucran en algo parece tener un resultado peor.

Aunque todos los actores hacen un muy buen trabajo, pues logran una dinámica que sería poco envidiable en un empleo real, el crédito principal se lo dejo a Louis-Dreyfus, astuta e ingeniosa en su actuación. Esta primera temporada, la serie recorrió en un ascenso bien establecido que se permite gracias a cada uno de los personajes y su labor en la Oficina, las aventuras políticas que le toca afrontar a Meyer y la ineficacia de la segunda mujer de los Estados Unidos.

La protagonista comentó en entrevistas que para entrenarse para el papel, estuvo viendo mucho el canal C-SPAN, del congreso, para detallarse las actitudes de los políticos del país. Parece que le dio un buen resultado y auguro buena marcha para esta nueva serie, y para esta actriz que admiro desde Seinfeld y que también se lució en la desaparecida serie The new adventures of old Christine.

La popularidad de la chica rara

Awkward fue una de esas buenas sorpresas de series del 2011. Ahora comenzó la segunda temporada de esta propuesta de comedia de colegio que recorre la vida de Jenna Hamilton, de 16 años, quien cuenta sus historias cotidianas en esa época molesta de la adolescencia, las cuales escribe en su blog personal. Ella se debate amorosamente entre dos chicos, cuenta con dos amigas peculiares, una sicóloga que necesita seria ayuda y unos padres bastante salidos de lo tradicional. Como su nombre lo dice, todo en esta serie es raro y no funciona de manera adecuada.

Ella tiene la capacidad de encontrarse en situaciones accidentales que siempre terminan por darle la atención de toda la escuela. Y es la trama del debate sentimental del trío de Jenna (Ashley Rickards), Matty (Beau Mirchoff) y Jake (Brett Davern) a la que más le dedican tiempo y sobre la que se discurren sus días. Cada uno tiene un encanto para la protagonista, pero al final debe escoger solo a uno.

La idea que MTV haga una serie exitosa ya es mucho qué decir. La cadena que alguna vez se dedicó a promocionar música, videos y artistas, tiene hoy un engendro de programación de embarazos adolescentes, italianos superficiales y niñas ricas de California salidos de la idea inicial del canal. Los tiempos en los que eran pioneros de la música, se mantenían a la vanguardia de la industria y eran relevantes como fuente segura de información musical, pasó y, por ahora, lo único que salvaría serían sus programas de premios.

Por eso, aunque no es será una pieza de galería de la fama de la televisión, la serie se ha posicionado entre las recomendaciones de los críticos y tiene una buena respuesta del público. Se reconoce como un proyecto fresco y bien contado de situaciones de adolescentes, una buena opción para la televisión del verano, en especial por su origen, en una cadena que se mantiene con realities baratos y adaptaciones de series con poco éxito.

En MTV Latinoamérica la serie se llama Chica Rara y la nueva temporada empezará en octubre.

 

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 658 seguidores